martes, 13 de noviembre de 2018

El Parlamento Europeo decide favorecer el consumo de agua del grifo frente a la embotellada.

Durante mi estancia en Córcega pude disfrutar de algunas comidas en restaurantes sin dejarme de sorprender el hecho de que se pudiera pedir para beber “une carafe”, o lo  que es lo mismo en español una jarra o botella de agua del grifo gratis, sin ningún coste adicional, porque la hostelería francesa entiende que ya la pagamos en nuestros impuestos.


Esta medida no solo favorece el bolsillo del comensal sino que también evita que miles de botellas de plástico terminen arrojadas en el medio ambiente. 



Este ha sido uno de lo últimos asuntos que se ha tratado en la Eurocámara, el hecho de favorecer la oferta de agua del grifo a los clientes en bares y restaurantes sin coste alguno o por una cantidad reducida. Así como a través del establecimiento de fuentes de carácter público en zonas dentro de la Unión Europea cuyo acceso a este bien esencial es muy limitado, con el fin de reducir el consumo de agua embotellada en recipientes de plástico. Material al que tantísimo le cuesta desintegrarse, ya que estaríamos hablando de 500 años necesarios para que una botella de plástico desapareciese por completo, periodo de tiempo que se podría ver duplicado si ésta permaneciese bajo tierra. 



Y es que no se trata solamente de aproximarla físicamente al mayor número de ciudadanos europeos posible, sino que también de centrar el foco de atención en su potabilidad disminuyendo los límites establecidos de bacterias y sustancias contenidas como la legionela, los microplásticosel plomo, que se verá reducido a la mitad. Todo ello para acercarla como un componente saludable de nuestra dieta, y un recurso asequible para nuestra economía doméstica, además de amable con el medio ambiente.



La propuesta partió de una iniciativa ciudadana llamada Right2Water transmitida en una ponencia por el europarlamentario francés Michel Duntin. La votación sobre dicha medida resultó aprobada con 300 votos a favor y 98 en contra.



La Comisión Europea defiende que el coste anual de agua embotellada le supone a los hogares de la Unión Europea el desembolso de 600 millones de euros, cantidad que se podría ver disminuida si se fomenta el consumo del agua del grifo como un modo de reducir los residuos de plástico de un solo uso como las botellas de agua mineral, que en muchas ocasiones terminan en contacto con bosques, ríos y mares.




Son numerosos los núcleos rurales en los que encontramos fuentes con carteles advirtiendo sobre la baja calidad del agua.


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